Mi experiencia como madre joven


"¿Vas a tener al bebé con lo joven que eres?", "Ya se te acabó lo bueno", "Olvídate de salir y de comprar cosas, ahora es todo para el bebé", "Si no has terminado la carrera ¿ahora que vas hacer si no tenéis nada?", "Eres demasiado joven para ser madre" ...

Estas son algunas de las frases que la gente joven tiene que escuchar cuando se queda embarazada. El entorno ni corto ni perezoso te cuestiona si podrás ser buena o mala madre por el simple hecho de ser joven, y muchas veces lo que no saben es que están más preparados y más capacitados que muchos que tengan más edad.


En mi caso me quedé embarazada con 25 años (tampoco lo veo yo tan joven la verdad), estaba acabando la carrera de Relaciones Laborales y Recursos Humanos. Mi pareja y yo llevábamos 4 años juntos, y aunque teníamos muchas ganas de ser padres aún no nos lo habíamos planteado porque queríamos tener una estabilidad, un trabajo y una seguridad para que al bebé nunca le faltase de nada. Pero por un fallo en las pastillas anticonceptivas (que aunque digan que no fallan, ya te digo yo que sí) me quedé embarazada. Sinceramente él y yo cuando nos enteramos éramos tremendamente felices, obviamente no había sido buscado pero si deseado, y querido como ningún otro que pudiéramos tener. No teníamos nada, vivíamos con nuestros padres, no teníamos independencia económica y nos venía un niño. Mi novio, ya tenía su carrera terminada, acababa de hacer el examen del B1 en inglés para poder recoger su título como Graduado en Historia. Lo aprobó y se puso a buscar trabajo como un loco, su único propósito era que a la niña y a mí no nos faltase de nada y sobretodo que pudiésemos crear una unidad familiar con un domicilio en común.

Entonces empezaron las preguntas, preguntas que ya tenían la respuesta. El aborto no tenía cabida alguna en nuestra vida, sabíamos que queríamos ese bebé y que nos daba absolutamente igual todo, lucharíamos por él y por todo lo que viniese. ¿Qué éramos jóvenes? Pues quizás, más que jóvenes inexpertos, pero teníamos la suficiente madurez como para saber sacar una familia adelante.


Los días iban pasando, tenía los típicos síntomas de una embarazada, pero la ilusión y las ganas de ser madre superaba cualquier cosa, no veía el momento en el que la tendría en mis brazos, porque sí, nos confirmaron a las 20 semanas que era una niña, que estaba sanísima y que venía muy grande. Iba a explotar de felicidad, la elección del nombre no nos tomó mucho tiempo, teníamos decidido que si era una niña se llamaría Valeria, y si era un niño se llamaría Lucas. Así que Valeria estaba formándose dentro de mí, sana y con mucha vitalidad (no sabéis la de patadas que daba, pensaba que sería futbolista). 

Como es normal nuestra forma de ver la vida cambió, ahora nuestra principal preocupación iba a ser ella. Aunque muchas personas digan que la relación de pareja se ve afectada con la llegada de un bebé yo no puedo más que contradecir eso, porque en mi caso se fortaleció. Se forjó la unión más sólida y llena de amor que jamás antes habíamos experimentados, y es que habíamos creado algo del amor de los dos.


Pero hasta que no nació y no la tuvimos en nuestros brazos no supimos lo que era de verdad madurar, amar incondicionalmente, ser fuertes y luchar, luchar por lo nuestro y ahí no nos quedó más remedio que ponernos de cara a la vida y decir aquí estamos dispuestos a sacar adelante a lo que más queremos en el mundo.

Los primeros días estaba "cagá". Tan pequeña, tan gordita y tan bonita que parece que se me iba a partir. La pobre mía apenas lloraba, eso sí, comía como si no hubiese un mañana, las latas de leches volaban, pero era feliz muy feliz. Aprendí a tratar con mimo, dulzura, a dejar las horas de sueños para cuando ella dormía, a bañarme cuando ella ya lo tenía todo listo y a comer cuando tenía tiempo. Empecé a pensar como una madre, porque ya me daba miedo todo. Antes yo era una "loca" no me daba miedo nada, ni a nada le veía el peligro, ahora lo más simple me da miedo, hasta dejarla sola en la cuna porque se fuese ahogar con la leche y no me fuese a dar cuenta. Mi amor se multiplicó por 2 por 3 y incluso por 100, mi miedo igual, mi instinto protector floreció de donde no sabía que estaba y mi juventud no era más que la oportunidad de poder disfrutar más tiempo de mi niña y de pensar que en un futuro (no muy lejano) podríamos darle un hermano.

Quizás tiene una parte de verdad cuando te dicen que pierdes una parte de tu juventud, que te olvidas de salir a la calle ... pero en el fondo no te importa, a mí mi hija no me ha quitado nada, al contrario me ha dado más de lo que me ha quitado. Antes iba al cine, salíamos a cenar más a menudo, o hacíamos cosas de parejas, ahora no, ahora vamos donde ella pueda estar, salimos siempre los 3 juntos, y como por la noche suele dormir temprano pues estamos en casa y así también el papi y yo tenemos nuestras horas de intimidad y tranquilidad. Yo no he perdido mi juventud, sigo siendo joven. Sigo disfrutando de la vida pero de otra manera, de la manera que he querido y la que verdaderamente me hace feliz. No hay nada en el mundo que me haga más feliz que verla reírse, bailar, como lo hace, no cambiaría ni por un momento el poder disfrutar de las cosas que hacía antes si eso implicase que mi hija no estuviese en mi vida.

Hoy, 16 meses después, mi pequeña es un bichillo revoltoso, que no para quieta, y nos tiene completamente enamorados. Miro hacia aquel 1 de agosto de 2016 que fue cuando me entere que estaba embarazada y pienso, no teníamos nada, y ahora justo 16 meses después lo tenemos todo, por lo menos todo lo que nos hace feliz, tenemos a nuestra niña, nuestra casa, nos casamos, tenemos un trabajo y una familia que nos quiere y nos apoya en todo momento a la que también el nacimiento de Valeria le ha venido como agua de mayo. 

Bajo mi punto de vista, el quedarte embarazada joven te trae más pros que contras, pero lo que siempre tienes que tener claro es que el niño es tuyo y lo tienes que criar tú, que no se pueden tener niños para que te lo críen, así claro que es fácil, pero no bonito. Lo bonito es levantarte por la mañana y ver que a tu hija no le falta de nada porque su padre y su madre están ahí al pie del cañón para dárselo sobretodo amor, mucho amor y protección.

Bendito día aquel que me quedé embarazada, bendita edad la que tenía y bendita la familia que hemos formado. 


Comentarios

  1. Yo tuve al mayor con 26 y al pequeño con 35. Entre medias la niña. No me consideraba joven antes ni mayor ahora. Y si me apuras le veo más ventajas a estar embarazada ahora a cuando tenía 26. Fundamentalmente por un motivo, la experiencia. Creo que el mejor momento para ser madre es cuando te conviertes en madres y ya está. Un hijo es el mejor regalo, y con más edad o menos, sufres y disfrutas por todo lo que tenga que ver con ellos. 😉

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    1. Pues tienes razón, supongo que si yo tuviera otro ahora diria que ahora es el meojr momento pero por eso mismo por el simple hecho de que ahora se a lo que me atengo y lo que me espera!! La experiencia es un grado eh!! Muchas gracias por comentar, un abrazo y feliz año nuevo!!

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